No cogía el teléfono a ninguna hora.
Tampoco respondía al timbre de la puerta.
Los mensajes en el contestador se sucedían...
Por fin, le localicé: Jesús, ¿donde te metes?.
Una sonrisa de satisfacción, precedió a la explicación de mi amigo:
"Emilito, tome una decisión: reducir mi despacho, para ampliar mi vida...".
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